lunes, 29 de septiembre de 2008

¿CRISTIANO Y POLITICO?

¿Es posible que convivan y actúen en un solo cuerpo un cristiano y un político? ¿Sería posible sin que el político destruya al cristiano o el cristiano anule al político? ¡No sería como meter una paloma y una serpiente en el mismo costal sólo porque Cristo dijo que seamos mansos como las palomas y astutos como las serpientes? Hablamos de una persona que asume el cristianismo en su dimensión integral, como una doctrina ético-religiosa, inmanente y trascendente. Porque bien es posible que se tomen los valores éticos del cristianismo como guía de la conducta pública y privada, dejando su dimensión religiosa para la vida privada. Es decir no confesarse públicamente como miembro de una confesión religiosa y, menos, decir que Dios le ha pedido a alguien que se relance a la lucha por el poder.

Hay que recordar que el Cristianismo, aunque su práctica puede tener consecuencias políticas, no es una doctrina creada para orientar la lucha por alcanzar y ejercer el poder. A Jesucristo se le acusó y condenó por político y por transgredir la religión Judía al declararse hijo de Dios y Rey de los judíos, aunque frente a tales recriminaciones declaró que su reino no era de este mundo y que había que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, separando claramente la política de la religión como para que nadie confundiera una cosa con la otra.

En lo que la política coincide con el cristianismo es en los fines éticos. La primera tiene como fin el bien común, es decir la creación de las condiciones materiales e inmateriales para que las personas individual y colectivamente puedan vivir dignamente, y el cristianismo manda amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Este amar al prójimo no sólo se mide por la relación de persona a persona, sino por la contribución que hagamos al bienestar de todos, dimensión social en la cual se tocan el cristianismo y la concepción de la política que heredamos de los griegos como el más noble servicio a la comunidad.

Al contrario, donde el cristianismo se aleja de la política es en su concepción de lucha por alcanzar y disfrutar del poder por parte de un grupo en perjuicio del bien de todos. La Constitución, al ordenar que para ser candidato se requiere ser del estado seglar, es decir no desempeñar funciones religiosas de carácter jerárquico, tiene claramente la intención de separar la religión de la política con un solo propósito: evitar que se manipule la conciencia religiosa de la gente con fines político-partidarios o que las religiones utilicen el poder para confrontarse como ocurrió en las famosas guerras de religión en Europa.

Hay otros dos criterios que impiden a la religión caminar de la mano con la política: el carácter absorbente de ambas actividades y su diferente naturaleza. En cuanto al primer criterio cabe la frase del Evangelio de que nadie puede servir a dos señores al mismo tiempo, porque quedará mal con uno o con el otro. La religión exige entrega total y la política, también. El celibato en la Iglesia Católica responde a esa exigencia de entrega total. La política, entendida en su dimensión ética, también es absorbente. En cuanto a la naturaleza de ambas actividades, la política es una actividad cuyos fines son exclusivamente terrenales, porque el ángel que quiso hacer política en el cielo al disputarle el primer puesto a Dios, fue expulsado y todavía dicen que anda por ahí buscando almas para su partido. El cristiano, en su dimensión religiosa, tiene un pie en la tierra y el otro en el cielo, porque trabaja para hacer que el ser humano se reconcilie con Dios y recibe de esa manera las promesas contenidas en el Evangelio de Cristo.

Max Weber, en su librito el Científico y el Político, señala otro criterio para marcar la diferencia ente la política y la religión, entre el político y el profeta. Dice que el primero se rige por la ética que él llama de responsabilidad y el profeta por la ética de la convicción. Eso significa que el cálculo en lo que dice y hace es inherente a la conducta del político porque no puede decir o hacer sino aquello que favorece a los intereses que representa, es decir los intereses de su nación. Si algo puede perjudicar esos intereses o sus propios objetivos, está obligado a callar y si su ética no es muy fuerte, a mentir.

El profeta, por el contrario, no es una misión a cargo de un hombre, sino un hombre entregado a una misión que lo trasciende. El cálculo, aunque no esté ausente del todo como se vio cuando Cristo evadió caer en las trampas que se le tendían y que pudieron haber interrumpido prematuramente su misión, no es lo más importante. Su destino es el martirio, sellar con su vida el testimonio de vida entregada a cumplir un mandato divino. El político, aunque diga que está dispuesto a morir por sus ideas, sólo excepcionalmente llega al sacrificio. Cuando un político –cristiano dice con el ALBA hasta la muerte, se está confundiendo la vocación de martirio por la causa de Dios con un objetivo político de poca trascendencia, se está poniendo la ética del profeta donde debe estar la ética de la responsabilidad de que habla Weber.

¿Es realmente incompatible el cristianismo con la política? No necesariamente siempre que la lucha por el poder se revista de la ética necesaria y al ejercer el poder se tenga presente que el mismo es un medio para servir y no un fin. Siempre que no se manipule la conciencia religiosa de la gente para fines personales o de grupo. Requiere por parte del cristiano- político una absoluta coherencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace, incluso entre lo que hace ahora, lo que ha hecho en el pasado y lo que hará en lo porvenir tanto en su vida pública como privada. Si no es así es mejor que no se intente servir a dos señores al mismo tiempo, a Dios y al Estado. ¿Entiendes, Méndez?

lunes, 15 de septiembre de 2008

LIBRES, SOBERANOS, I-DEPENDIENTES.

Fuente: lefranc.chez-alice.fr/honduras_e.htm

Si usted cree que somos independientes, póngale la N al titular. Si cree que no, déjelo como está. Pero, ¿qué significa ser libre como persona y ser independiente como Estado? Así como nadie es ni puede ser absolutamente libre, ningún Estado tiene una independencia absoluta. La única manera de lograrlo en uno y otro caso es mediante un aislamiento total, situación incompatible con la naturaleza humana. Los anacoretas y ermitaños, más bajo la influencia de los cínicos griegos que del pensamiento cristiano, en su deseo de huir del pecado del mundo, lo intentaron y fracasaron frente al otro modelo, el auténtico, que es vivir la fe, la esperanza y el amor en comunidad, el ágape que es el amor entre quienes profesan el mismo credo religioso. En cuanto a los Estados, tampoco es posible la independencia absoluta. Algunos llaman independencia a dejar de depender de Estados Unidos para depender de Rusia , de Caracas o de Managua, romper con el gigante para depender de un enano. El cambio de amo no es libertad ni independencia.


La reflexión anterior viene al caso porque, a propósito de la celebración del 15 de septiembre, hay grupos, para desgracia vinculados a la educación , que consideran las celebraciones de las fiestas patrias como vacías de contenido, porque dicen que no hay nada que celebrar en vista de que seguimos siendo dependientes. Si fuéramos dependientes, como de alguna manera lo somos, siempre habría que celebrar el 15 de septiembre, porque se trata de conmemorar un hecho histórico a cuya consecuencia nacimos como Estado y nos integramos a la comunidad internacional. Ese hecho, que nadie puede negar, tuvo una gran significación para los pueblos centroamericanos y así lo celebraron hombres y mujeres más patriotas que las actuales generaciones a quienes por algo llamamos próceres. ¿O hay alguien ahora que sea más patriota que Morazán, Valle o Cabañas? Lo dudo, con los Panchos.


¿No es digno de celebrar que hace 187 años de dejamos de ser colonia de España? ¿Y no es digno de celebrar también que ahora, dentro de otro contexto en la relaciones internacionales, seamos interdependientes con la madre Patria? La presencia de España en Honduras durante la época colonial ya ha sido juzgada por la historia en sus muchos aspectos positivos y negativos. Su presencia ahora sólo tiene aspectos positivos. ¿ O es que la independencia para ser tal tiene que ser como la antigua autarquía de las polis griegas, es decir autosuficiencia? Ningún pueblo es autosuficiente como ninguna persona lo es mi puede serlo. Somos interdependientes y eso lo dijo hace 25 siglos el autor de los Diálogos,


¿Creen ustedes, sabios anónimos, que la primera potencia mundial, los yanquis y pitiyanquis, son independientes en la forma absoluta como ustedes quieren que sea Honduras? Pues no hay tal culebra con cachos. Los gringos no aguatarían las insolencias del prócer Hugo Chávez si no fuera porque son dependientes de su petróleo: Tampoco aceptarían el incómodo papel de guardianes del medio oriente si no fuera porque en esa zona se encuentran los más grandes yacimientos del petróleo que necesitan y del cual son dependientes. ¿O por qué creen que el odiado imperio manda a sus diplomáticos a consultar a la Unión Europea y a las otras potencias cuando necesitan realizar una acción que puede alterar las relaciones existentes? Pues porque no goza de una independencia absoluta para hacer lo que le da la gana. ¿O creen, émulos de los sabios que en el mundo han sido, que la instalación de armas de largo alcance en Polonia, que ha irritado a Rusia, lo está haciendo EE UU, a contrapelo de la opinión de los otros miembros de la OTAN O NATO?


En un mundo de Estados soberanos, regidos por un entramado de normas de derecho internacional, hasta las potencias dependen unas de otras y hasta de los países pequeños cuando se trata de diseñar y ejecutar sus estrategias de nivel mundial o regional. Sólo en las mentes calenturientas cabe que un Estado puede decidir su política exterior amparado solamente en que en teoría es libre, soberano e independiente o que no debe celebrar el hecho histórico que lo llevó a convertirse en Estado solamente porque todavía no es absolutamente independiente. Eso equivale a decir que alguien no debe celebrar haberse curado de una enfermedad, porque no tiene seguro haber recobrado la salud total y para toda la vida.


Sigamos celebrando las fiestas patrias. Que se oiga el redoble de los tambores, y todo lo que suena en manos de los jóvenes estudiantes el día de la Patria. Que se oiga la voz destemplada de los funcionarios edilicios que año con año leen el acta de independencia, aunque pocos entiendan lo que dice. Que podamos seguir viendo la presencia obligada de los mandatarios y asistiendo a la celebración de una misa que más tiene de acto protocolario que de acto de devoción. Todo sin desmedro del esfuerzo colectivo que debemos hacer para darle a nuestra independencia política, la base económica y cultural por cuya ausencia parece que no fuéramos dueños de nuestras decisiones como Estado.


Que los periodistas hagan periodismo y no un coctel de religión, periodismo y acomodo interesado. Que los maestros enseñen de verdad con entusiasmo y entrega como corresponde a quien responde a una irresistible vocación. Que los agricultores cultiven con la satisfacción de quien está ayudando a alimentar a sus compatriotas para que puedan dedicarse a otros menesteres. Que los comerciantes pongan en su actividad un poquito de solidaridad social con sus clientes y con la comunidad en general. Que los industriales produzcan para el mercado interno y para exportar sin explotar a los trabajadores. Que los políticos actúen con la conciencia de quien conduce responsablemente el barco del Estado. (Perdón. Estaba soñando.)

domingo, 7 de septiembre de 2008

LAS CONVENCIONES EN EEUU.

Fuente: www.wikipedia.com

Pese a su importancia, ninguno de los hechos ocurridos en nuestro país en la última semana me motivó para dedicarle esta columna. Ni la merecida exclusión de Rambo de la selección. Ni el pleito entre las precandidaturas liberales a favor y en contra de Chilo Cruz. Ni la dolorosa situación de la inseguridad en nuestro país y el corolario de los dos últimos secuestros. Nada nuevo tengo que decir al respecto más que lamentar la indiferencia con que vemos una situación que nos conduce al desastre total. Ni las tomas de hospitales, de calles y las retenciones de oficinas públicas por funcionarios ya despedidos y sus simpatizantes lo que refleja solamente la pérdida total del principio de autoridad, por una aparte, y de la dignidad personal, por la otra. Sólo lamento que por falta de servicios de salud mí amiga y secretaria hace 15 días ande del timbo al tambo, muerta en llanto, con un hijo fracturado de la clavícula sin que haya sido posible su intervención quirúrgica.

En cambio me entusiasmaron las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano en Estados Unidos. No soy pitiyanqui ni antiimperialista por principio. Las poses antiimperialistas y anticapitalistas me suenan a ideología pura. A muchos anti he visto caer rendidos ante lo que poco tiempo antes supuestamente aborrecían. Sin ningún temor de ser calificado por Chávez o los chavistas del patio como pitiyanqui, declaro que sentí envidia al ver la proclamación de los candidatos de los dos partidos de Estados Unidos en su respectivas convenciones . Sin ahorrase mutuamente las acostumbradas puyas al candidato contrario, porque esta cosa así es como dijo Mcccain, predominaron las alusiones respetuosas y de admiración mutua entre los candidatos.

Me sentí realmente entusiasmado al ver y oír cómo todos los candidatos sin excepción exaltan los valores de su familia, presentan a su esposa, a sus hijos, a sus padres aunque sean viejitos como la mamá del candidato republicano y hablan positivamente de la familia como base de la sociedad. Me llené de emoción al ver y oír cómo se ponen los valores cívicos por encima de los intereses personales y de partido. Se centran los discursos en un testimonio de cómo cada quien ha servido a su país y cómo piensan seguirlo sirviendo. Cada quien presenta su hoja de vida y resalta sus experiencia al servicio de su país. Nadie, ni aún la gobernadora de Alaska que sorpresivamente apareció propuesta como candidata a la Vicepresidencia por el Partido Republicano, pese a su juventud, resultó improvisada.

No son discursos demagógicos. Cada quien propone sus soluciones en política exterior e interior. Nadie tiene por qué llegar engañado a las urnas. Ya se sabe que Mcccain, al estilo Reagan, se propone recuperar el prestigio de su país como la primera potencia mundial. Prometió ahorrar 700.000 millones de dólares que su país da en ayuda a quienes, en su opinión, no lo merecen por ser enemigos de los gringos. Más claro no canta un gallo. ¿Entiendes, Méndez? Dijo ser enemigo de la guerra por haber sido una de sus víctimas, pero no eludió la confrontación especialmente con Rusia e Irán, por causas diferentes. Obama, menos fuerte en su testimonio personal por su juventud y poca experiencia, dejó claras las líneas de su proyecto y se apoyó en la experiencia de su Vicepresidente en materia de política exterior.

El Partido demócrata llevó a sus seguidores a optar entre un negro y una mujer por primera vez en la historia. Los republicanos, para no parecer menos, llevan a una mujer, por primera vez, a la Vicepresidencia. Se rompieron los paradigmas históricos en la primera democracia del mundo y qué bien. La señora Sara Pain se ganó el corazón de los convencionales por su testimonio público y privado, por su juventud y por la fuerza de sus convicciones. Eso demuestra que cuando una mujer es inteligente y sabe plantarse, hombres y mujeres se rinden ante su talento.

Qué lejos están los discursos vacíos de nuestros candidatos del valor cívico, la proyección a futuro y la personalidad de los estadistas. Que lejos la elegancia al referirse al rival, qué lejos de los pleitos entre nosotros. Lo respeto y lo admiro dijo Maccain de Obama y es un héroe nacional dijo Obama de su contrincante, pero ambos dijeron estar dispuestos debatir sus propuestas como se debe en una campaña donde está en juego la capacidad de cada uno para persuadir y convencer a los votantes.

Será una campaña interesante y la seguiré con interés sin llegar al extremo de muchos hondureños que se dividen entre republicanos y demócratas como si fueran a votar por uno u otro en Honduras. Los liberales quieren que ganen los demócratas y celebran su triunfo como propio y los nacionalistas hacen lo propio con los republicanos sin reparar que en política exterior, donde prevalece el interés nacional, son pocas las diferencias entre uno y otro.

Mi admiración por el pueblo norteamericano no pasa por el amor o el odio. Igual me ocurre con los alemanes a quienes conozco más de cerca por haber convivido con ellos. Hijo de campesino, desconfiado por principio, no me entrego fácilmente. No soy fanático a nada ni a nadie. Racionalidad sobre todo. Nunca me mataría con otro por fanatismo religioso, político o futbolero. Sólo entregaría mi vida por Honduras y por mi familia, pero como tengo más horizonte para atrás que para adelante quizá ni eso sea posible a estas alturas del juego.

Tengo la esperanza de que algún día entenderemos la política como una disputa ética, elegante, caballerosa por demostrar que se tiene más capacidad, más honradez , más valor cívico y más experiencia para servir a la Patria que otros, igualmente hondureños, honrados, capaces y valerosos.
Que Dios me oiga.

domingo, 31 de agosto de 2008

AUTORIDAD LEGÍTIMA E ILEGITIMA.

Fuente: www.laprensa.com.ni


Una de las claves para analizar la estabilidad o inestabilidad de la autoridad en los grupos humanos es el problema de la legitimidad del poder. En el caso del poder político, el poder del Estado, el problema adquiere dimensiones mayores puesto que se trata de la comunidad total.


Veámoslo primero a nivel micro. ¿Se ha fijado usted que los hijos difícilmente obedecen la autoridad de otro hombre que no sea su padre, aunque sea el marido de su madre o viceversa? Es que no reconocen como legítima esa autoridad. Y cuando un extraño regaña o castiga a un niño, éste rechaza la corrección con el argumento de que ese tal no es su nana ni su tata.


Para que una autoridad sea obedecida necesita ser legítima, es decir que sea reconocida como tal autoridad. Pero la legitimidad, obtenida correctamente en su origen, puede perderse por exceso o por defecto. Igual riesgo de perder la autoridad corre quien abusa de la misma como quien no la ejerce y deja que el grupo caiga, por eso, en la anarquía. En ambos casos se cae en la desobediencia, en el desorden.


La legitimidad política puede definirse como el atributo del Estado y del gobierno que consiste en la existencia, en una parte relevante de la población, de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en caso excepcionales, recurrir a la fuerza. La legitimidad está vinculada al sistema de creencias, ideas, tradiciones y costumbres que una comunidad tenga en relación con el poder y su ejercicio así como al sistema político que haya adoptado en el ejercicio de su soberanía y que normalmente está establecido en su Constitución.


España tiene arraigada en su población una cultura política monárquica, porque desde su origen como Estado-nación ha sido un reino y las dos veces que se le quiso imponer un sistema republicado se produjo una guerra civil, la última con resultados catastróficos. Los latinoamericanos, al contrario, tenemos una cultura republicana, porque nacimos como repúblicas y hemos conservado ese sistema de gobierno inventado por los romanos antes de Cristo. Si se nos quisiera imponer un rey no aceptaríamos como legítima su autoridad y nos negaríamos a obedecer sus órdenes, aunque fuera un rey santo y sabio como los ha habido en la historia de las monarquías.


Honduras ha optado por un sistema liberal-democrático, republicano y representativo. Dentro de ese marco es que los gobernantes reciben el mandato del pueblo por cuatro años. El sistema así caracterizado y establecido fija los límites dentro de los cuales se tienen que tomar la decisiones tanto de política interior como exterior. Quien por exceso o por defecto se salga de ese marco, cae en la ilegitimidad y corre el riesgo de ser desobedecido y conservar como único recurso el uso de la fuerza para conservar la autoridad.


Sólo el poder constituyente, el pueblo soberano, que es absoluto y extraordinario, puede cambiar el sistema político. En algunos países de América latina los gobernantes se han hecho elegir bajo la normatividad vigente y en su campaña han anunciado un cambio del sistema. La población al elegirlos da por aprobada su intención que después desde el poder se lleva a cabo mediante la convocatoria al poder constituyente para cambiar la Constitución. Lo han anunciado previamente. Lo que no parece correcto es que se haya elegido un gobierno para que se desempeñe en el marco de la institucionalidad establecida y que ya en el poder sin decir agua va empiece a comportarse como si el poder soberano ya hubiera cambiado el sistema y los valores en que se sustenta.


Por todo lo dicho anteriormente es que ha merecido rechazo la conducta de don Hugo Chávez en su reciente visita a Honduras. Es como que se invite al vecino a nuestra casa y luego empiece a insultar a los anfitriones. Más sorprendente resulta si el anfitrión justifica y hace suyos los insultos del invitado. Estro sólo ocurre cuando huésped y anfitrión se pasan de copas. Porque es un insulto que se haya permitido calificar como vendepatria y pitiyanquis a quienes han sido críticos del ALBA.


Por eso resulta poco usual que el Presidente Zelaya haya sido electo por el Partido Liberal como liberal y en el camino se nos haya vuelto socialista, del socialismo chavista porque hay muchos socialismos y, además antiimperialista, cuando este fenómeno es un producto del capitalismo, la cara económica del liberalismo. ¿O es que el Presidente en sus largos años de liberalismo no se había dado cuenta que el capitalismo es hijo legítimo del liberalismo?


El pretexto de esos virajes es el combate a la pobreza y a la desigualdad social. Si para lograr ese propósito todos los países del mundo hubieran tenido que optar por el socialismo en cualquiera de sus múltiples versiones, el mundo sería socialista y no capitalista. Ahora resulta que los causantes de la pobreza son los liberal-capitalistas agrupados en el empresariado nacional y los salvadores de los pobres son los liberal-capitalistas que han desertado de su tradicional ideología.


Es peligroso que la desesperación por conseguir recursos que le permitan al actual gobierno terminar sus cuatro años sin caer en el colapso, nos lleve a vender el alma al diablo, a perder nuestra dignidad como pueblo, a repetir consignas propias de la guerra fría o a dividirnos en dos bandos, chavistas contra antichavistas, imperialistas y antiimperialistas, pitiyanquis contra pitichavistas, amigos y enemigos de los pobres, generosos con los dineros del pueblo y avaros con sus propios recursos.


No deslegitime su gobierno, señor Presidente. Busque el consenso y no se apoye en pequeños grupos solamente. Usted puede hacerlo.

sábado, 23 de agosto de 2008

ORTEGA, SÍ; ORTEGA, NO.

Si fuera sólo para tomar posición frente a las alternativas del titular de esta columna, no valdría la pena abordar la discusión que se ha generado en torno de la visita del Presidente de Nicaragua a Honduras el próximo lunes para participar en la firma de ALBA por parte del Presidente Zelaya. Si lo abordamos es porque rompe el comportamiento normal de las relaciones entre los Estados e introduce criterios de carácter ético que llevan a vincular las relaciones políticas al comportamiento en la vida privada rompiendo la separación tradicional, cada vez más débil, entre la vida personal y la vida pública.

Las relaciones internacionales se rigen por las formalidades del mundo diplomático donde prevalecen las normas de la cortesía y del respeto a las normas del Derecho Internacional, ambas dimensiones normativas referidas a los aspectos externos de la conducta. En su contenido, las relaciones internacionales se determinan por el interés nacional, concepto difícil de definir en forma general, porque varía de un país a otro y aún en el mismo país en las diferentes épocas de su historia. La ética cala más hondo, puesto que va a la escala de valores y su traducción en las formas de conducta cotidiana de las personas y los grupos. Mientras el Derecho y la diplomacia se detienen en los actos externos, la moral nos juzga por dentro y nos acompaña siempre, aún en el baño.

El asunto empezó en la reciente toma de posesión del Presidente Lugo en Paraguay. Se levantó un movimiento de mujeres en contra de la visita del Presidente Ortega, por haber sido denunciado por su hijastra hace varios años por violación continuada. Normalmente la conducta ética o no ética de los gobernantes en su vida privada o pública se juzga a nivel interno siempre que no lesione en forma directa las relaciones entre los Estados. En este caso se trata de una reacción de grupos de la sociedad civil que tienen como propósito la defensa de la dignidad de la mujer y sus derechos. Por prudencia, la virtud más importante en el manejo del poder, el Presidente Ortega se abstuvo de viajar al Paraguay y no se sabe si adoptará la misma conducta en el caso de su anunciada visita a Honduras.

El pueblo de Nicaragua, a quien corresponde en primera instancia juzgar a sus gobernantes, parece que no le dio mucha importancia a la denuncia contra Ortega puesto que lo eligió para la primera magistratura de la nación y, por lo que puede verse, tampoco el hecho ha tenido mucha repercusión al interior de su familia. Esto en nada invalida o le resta importancia a la protesta iniciada en Honduras por la Organización de Mujeres por la Paz, Visitación Padilla, las conocidas Chonas. Si no logran otro propósito su acción tiene un valor testimonial a favor de su noble causa.
Es interesante que los grupos de izquierda, que reclaman la representación de todos los grupos preteridos de la sociedad incluyendo las mujeres, ahora se hayan inclinado por la solidaridad ideológica volviendo la espalda a los reclamos de las mujeres. En realidad no resulta tan extraño, porque tanto la derecha como la izquierda practican un relativismo moral que se acomoda a los intereses ideológicos, económicos o políticos del momento. Es bueno para los primeros lo que favorece a la revolución y malo todo lo que se le opone. Para los segundos es bueno todo lo que favorece al status quo, es decir a que las cosas sigan como están, y es malo todo lo que tienda a cambiarlo.

La ausencia de Ortega sería una sensible baja en los actos programados por el gobierno hondureño para darle realce a la firma de su adhesión al ALBA ya que los países que la integran son apenas cinco o seis con Honduras. La fuerza y representatividad de la organización, mecanismo o como se le llame, no depende tanto del respaldo interno que tenga en cada país miembro, sino del número de Estados que la integren. Hasta hoy es débil por cuanto sólo cuenta con los países cuyos gobernantes en forma personal son admiradores del Presidente Chávez y del modelo que ha diseñado para su país y, en algunos casos, sólo de sus petrodólares.

El hecho que comentamos nos vuelve a poner en relación con un tema tan viejo como la política y es la relación entre el poder y la ética. Platón consideraba que la política es parte de la ética y que el Estado tiene como propósito formar buenos ciudadanos. Aristóteles consideraba que siendo la política la reina de todas las actividades y las ciencias, la ética era parte de la Política, aunque en una relación muy estrecha. Tuvo que llegar Maquiavelo para que ambos campos, la ética y la política, quedaran divorciadas a tal punto que la actividad política y sus actores se orientan al éxito y frente a ese fin, todos los medios son buenos.

De Maquiavelo es también la teoría sobre la razón de Estado que consiste en que el Estado, en la consecución de sus propósitos, no tiene que regirse por las normas morales que valen para la persona individual, sino por lo que conviene a sus fines, incluida la guerra si es necesario. No sabemos cuáles son las concepciones que sobre estos asuntos tienen los dirigentes del ALBA. Si fuera la de Platón, que lógicamente no es, Ortega no sería invitado a los actos del lunes. Si fuera la de Aristóteles, en la cual pese a la preeminencia de la política, el poder y su ejercicio sigue sometido a las normas de la ética, tampoco. Sólo bajo la teoría de la autonomía de la política y la razón de Estado, escuela realista que prevalece en las relaciones internacionales, no habría ningún problema en que el Comandante de una revolución que ya no existe, asistiera a la fiesta del poder ciudadano el lunes 25.

En aras de las normas que rigen las relaciones internacionales, la cortesía internacional y el Derecho del mismo apellido en su rama diplomática, el Estado de Honduras y su gobierno, puede invitar a Ortega, como ya lo hizo, y éste asistir bajo la protección que se debe a los dignatarios extranjeros.

viernes, 15 de agosto de 2008

El pleito de la semana

Pleito entre comillas. Me refiero a la divergencia entre el Vicepresidente de la República y candidato presidencial Elvin Ernesto Santos y el titular del poder Ejecutivo con sus asesores sobre las declaraciones del primero en el sentido de que se están dando subsidios sólo a los diputados que simpatizan con la precandidatura del Presidente del Congreso, Roberto Micheletti. La información llevaba veneno, porque no se dijo lo anterior, sino que se había dado en Casa Presidencial un millón de Lempiras a los diputados para comprar su voluntad a favor de la aprobación del ALBA en el órgano legislativo. No se sabe si don Elvin dará las disculpas que le han pedido desde Casa presidencial, pero casi creemos que todo terminará con una reconciliación en privado.

La importancia del tema no está en lo que aparece superficialmente, sino en el fondo del asunto. ¿Por qué ocurren estas cosas? Primero por la cultura del fraude y de la imposición. Ni los mismos copartidarios (y no correligionarios, porque no comparten la misma religión) se confían entre sí. Elvin tiene un temor inocultable de que los liberales de Micheletti le hagan una mala jugada para restarle viabilidad o para eliminar su candidatura. Si esto ocurre entre miembros del mismo partido, ¿por qué nos extraña la desconfianza patológica entre todos los partidos, especialmente entre los grandes, que sólo tiene tregua cuando se trata de repartirse el poder y sus beneficios en las instituciones del Estado?

¿Por qué ocurren estas cosas? Porque tergiversando la institucionalidad republicana y democrática establecida en la Constitución en la cual están claramente definidas las atribuciones de cada poder del Estado, se han asignado funciones administrativas a los legisladores a fin de que promuevan proyectos en las comunidades para gestionar subsidios. De esta manera se garantiza la reelección indefinida de los diputados, porque nadie que quiera competir podrá hacerlo si tienen comprados los votos con los proyectos que promueven como si fueran pagados de su propio bolsillo. No se gana la reelección por el trabajo hecho como legisladores, sino por su labor como San Nicolás con los fondos del mismo pueblo. Y de esto no escapa ningún diputado y ningún partido. Esta es la razón por la cual el debate parlamentario entre gobierno y oposición ha desaparecido: todo se arregla mediante un intercambio de apoyos políticos por proyectos.

¿Por qué ocurren estas cosas? Porque violando principios que son inherentes a la democracia desde su origen, se ha vuelto costumbre luchar por el poder desde el poder mismo. Los dos candidatos más relevantes del Partido Liberal ocupan posiciones igualmente relevantes en la estructura del gobierno actual. Se trata de dos ciudadanos que muchos consideran con suficientes méritos para ser candidatos a la presidencia, pero se demerita su figuración pública cuando se les ve con dos pesados sombreros cada uno. Este comentario está inspirado en un alto espíritu cívico, porque si lo fuera por criterios de conveniencia personal debo decir que tengo un alto concepto de todos los involucrados en esta controversia. Y no sólo pasa con el actual partido de gobierno, porque fresco está el recuerdo de un Alcalde del Distrito Central que dedicó los cuatro años de su período a promoverse como candidato a la Presidencia hasta llevar al partido a una guerra entre precandidatos con las consecuencias que todos conocemos.

Algunos dicen que los liberales perderán las elecciones, porque van a llegar divididos a las elecciones generales. Si eso ocurre será por otras razones. Los liberales han aprendido la dialéctica del amor y el odio- Se dividen en el poder y se unen en la llanura, pero cuando se trata de enfrentar al eterno adversario se olvidan las heridas y marchan juntos. Al contrario de los nacionalistas a quienes el disfrute del poder los une y los divide la llanura. Menos acostumbrados al ejercicio democrático, han aprendido de la experiencia vivida en las elecciones pasadas y ahora procuran no ofenderse ni verse como enemigos.

Elvin es un buen muchacho y no sólo por su apellido. Dicen que padece de la soberbia del hijo de papá, pero yo lo encuentro humilde. Ya no lo veo en la parroquia, pero me gustaba verlo sin guardaespaldas, como cualquier hijo de vecino, acompañado de su esposa e hijos en la misa del domingo. Dice que somos parientes y me conviene creerlo. Ambas familias son de origen olanchano, aunque la suya haya salido en 1611 a fundar Olanchito y la mía haya salido más de doscientos años después hacia Ocotepeque. Su juventud puede traicionarlo. Debe ser manso como las palomas y astuto como las serpientes. Dejar el nerviosismo, transmitir una imagen de confianza en el triunfo sin dejar de tomar las precauciones del caso, porque el gallo viejo con el ala mata. Micheletti tiene méritos y cuenta con una larga experiencia. No opino sobre Maldonado, no porque crea que lo donaron mal, sino porque lo conozco menos-

Lo del millón de Lempiras no lo creo. El Presidente Zelaya ha demostrado habilidad en el manejo de la opinión pública, incluso recurriendo al conocido expediente de hacerse la víctima de poderes ocultos que supuestamente reaccionan en contra de sus medidas de cambio. La estrategia de ablandamiento de los sectores más críticos en torno del ALBA y una bien montada campaña publicitaria van creando el ambiente para que nazca un nuevo sol para Honduras sin mayor problema. Quienes se manifiesten en contra total o parcialmente se ganarán el calificativo de conservadores, reaccionarios, enemigos de los pobres y del cambio, porque socialismo y liberalismo, pese a lo que diga la Ciencia Política, es lo mismo. El Presidente no necesita recurrir al burdo procedimiento de compra de votos para lograr lo que se ha propuesto y que todos deseamos sea para el bien de Honduras. Por mi parte sigo desconfiando de la verborrea ideológica de Chávez y de sus posiciones guerreristas.

domingo, 10 de agosto de 2008

Un mismo mundo, un mismo sueño

Fuente: http://www.fotos.emol.com/index.asp?G_ID=6587#

Es el lema de los juegos olímpicos de Beijín, China, cuya inauguración estoy presenciando mientras escribo. Ritmo, música, policromía, disciplina, organización, belleza. 56 etnias chinas representadas en uno de los actos. Mil jóvenes representando la imagen de un ave en pleno vuelo. Una niña que es conducida en el aire por una cometa. Un panorama de los grandes descubrimientos chinos en la historia. La pólvora, en cuyo manejo con fines lúdicos son expertos, la brújula, la ciencia náutica, la muralla, la seda. Los avances actuales en infraestructura, ciencia, tecnología. Todo teniendo como trasfondo la filosofía milenaria del pueblo chino. Ahora entran las delegaciones de atletas, encabezados por Grecia, creadora de los juegos olímpicos cinco siglos antes de Jesucristo, creadora de la cultura que con el Cristianismo y los aportes de Roma forma el sustrato de la cultura occidental.

¡Qué bello el mundo cuando el ser humano saca lo mejor de sí mismo y se une a los demás en un mismo propósito¡ Se olvidan las guerras, se olvida la pobreza, la discriminación, la delincuencia y por un momento parece que fuéramos hijos de Dios, creación divina. Un mismo mundo, un mismo sueño. Burkina Faso, Qatar, Rwanda con una preciosa muchacha al frente, Chad, Luxemburgo, Bielorusia, India, Indonesia, Lituania, Niger, Nigeria, Nicaragua, Nepal. Ghana, Canadá, Gabon, San Marino, Santa Lucía, Honduras…en total 205 delegaciones, imposibles de mencionar. Todos alegres, todos sonrientes, todos atléticos. Muchos jefes de gobierno y de Estado, pero sólo cuatro con sus esposas. Aquí por un beso, aquí por un abrazo y aquí por un si acaso.

Somos ciudadanos del mundo como hace muchos siglos dijeron los estoicos, filósofos griegos que llevaron su pensamiento al imperio Romano e influyeron en el Cristianismo naciente. De ese mundo que está en riesgo, destruido por sus ciudadanos. De la tierra que hemos maltratado hasta la destrucción, de nuestros conciudadanos del mundo a los que hemos tratado como enemigos, porque nos hemos empeñado en mostrar lo peor de nuestra naturaleza y no lo mejor como en los juegos olímpicos que estamos presenciando.

Mientras mis ojos siguen los eventos en China, mi pensamiento vuelve a Honduras. ¿Qué nos hace falta para sobresalir en el mundo por lo que tenemos de positivo? Hay países más pequeños que Honduras. Hay países más jóvenes. Hay países con menos recursos naturales. Hay países sin salida al mar. Hay países con menos tesoros arqueológicos. Hay países que han sufrido enormes y prolongadas guerras. Hay países que parecían destinados a ser la cola del mundo y han salido adelante. ¿Dónde está nuestro talón de Aquiles en la carrera por el éxito?

Estoy oyendo que a los chinos les gusta mucho escupir y se les ha prohibido hacerlo en aras de la imagen que quieren dar en estos días que son la capital del mundo. Eso es una de las cosas que nos hace falta. Darnos cuenta que estamos todos los días frente al espejo del mundo y que debemos esforzarnos por mostrar lo mejor de nosotros. No al puñado de delincuentes y sus hazañas, sino a la mayoría de honrados que son sus rehenes y víctimas. No la llaga dolorosa de nuestro millón de analfabetos y la multitud de pobres, sino los esfuerzos que hacemos por combatir esas desigualdades injustas. No el espectáculo de hondureños que se matan en masa por un pedazo de tierra, sino lo positivo, siempre lo positivo. No los pocos corruptos, sino los miles de honrados que trabajan para el Estado dando lo mejor de sí mismos.

Nos hace falta autoestima individual y colectiva. Sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. No sentirnos bien cuando se habla en mal de Honduras y menos hacer coro con quienes lo hacen. Es que en este país… pues este país es como tu madre, sólo tuviste una y no vas a tener otra por más que la desprecies…hijo de la madre.

Nos hace falta organización para orientar nuestros esfuerzos en una sola dirección. Es la organización la que hace que un grupo humano logre lo que se propone, porque cada quien sabe lo que le toca hacer en el conjunto, está preparado para hacerlo y sabe que lo que hace sólo tiene sentido como complemento de lo que otros hacen en función del objetivo común. Cundo en un pueblo el gobierno anda por un lado y el pueblo, por otro: los empresarios tiran por su la lado olvidando su compromiso con el todo, que es la sociedad, cuando los gremios actúan como si toda la sociedad debería rendirse a sus pies…nada funciona.

Pero si no hay organización, tampoco hay disciplina y sin disciplina nada se puede lograr. Pero la disciplina va unida a la creencia en ciertos valores compartidos, porque si no es así la disciplina es un comportamiento superficial y externo. Somos un pueblo indisciplinado. Antes la disciplina se aprendía en la familia y en la escuela. Se aprendía a obedecer y se aprendían hábitos de aseo, de orden, de estudio, de respeto. Ahora ocurre todo lo contrario. En la familia nadie se siente obligado a hacer algo por el bienestar común, cada quien hace lo que quiere. En la sociedad ocurre lo mismo y, para volver al deporte, cada jugar es mundo tratando de promoverse, de venderse individualmente y por eso no salimos adelante ni en fútbol.

Amigos: quienes ganen medallas en los juegos olímpicos recibirán el premio a su esfuerzo personal, pero al mismo tiempo ganarán un homenaje a los países que representan y por los cuales tratarán de hacer lo mejor. Sigo viendo la presentación de los equipos por país…Alegres, optimistas, orgullosos de sí mismos y de su Patria… Un mismo mundo, un mismo sueño…Así debe ser y no sólo en deporte.